Lo esencial en pocas líneas
- La aerotermia funciona mejor cuando la vivienda trabaja a baja temperatura y la instalación está bien dimensionada.
- Si los radiadores son pequeños o la casa está poco aislada, puede hacer falta adaptar emisores o revisar la obra.
- El ahorro real depende sobre todo de la temperatura de impulsión, del aislamiento y del control horario.
- En España, esta sustitución encaja en actuaciones de eficiencia energética reconocidas por el MITECO.
- La inversión inicial suele ser mayor que la de una caldera de gas, pero la explotación puede ser más eficiente y estable.
Qué cambia de verdad al pasar de gas a aerotermia
Cuando hablo de aerotermia en vivienda, casi siempre me refiero a una bomba de calor aire-agua: toma energía del aire exterior y la lleva al circuito de calefacción y, si se quiere, al agua caliente sanitaria. No hay combustión en casa, no hay chimenea de evacuación de humos y, en equipos reversibles, también puede aportar frío en verano. Esa es la diferencia de fondo respecto a una caldera de gas: no generas calor quemando combustible, lo trasladas desde el exterior.
La consecuencia práctica es simple: el sistema gana en eficiencia cuando trabaja con agua a temperaturas moderadas. Por eso la aerotermia se entiende mejor con suelo radiante, fan-coils o radiadores sobredimensionados. Si la instalación pide agua muy caliente para rendir, el equipo puede seguir funcionando, pero lo hará con menos margen y con más consumo eléctrico.
| Aspecto | Caldera de gas | Aerotermia |
|---|---|---|
| Fuente de energía | Combustión de gas | Electricidad para mover una bomba de calor |
| Emisiones en la vivienda | Hay combustión y evacuación de gases | No hay combustión local |
| Calefacción y ACS | Sí, según modelo | Sí, y en muchos casos también refrigeración |
| Temperatura ideal de trabajo | Puede funcionar bien con impulsiones altas | Rinde mejor con impulsiones más bajas |
| Mantenimiento | Revisión de combustión, quemador y evacuación | Menos componentes ligados a combustión, pero exige ajuste hidráulico y control |
| Encaje típico | Instalaciones tradicionales a gas | Viviendas con buen aislamiento y emisores de baja temperatura |
El punto que más suele pasar desapercibido es la curva climática, es decir, el ajuste automático de la temperatura del agua según el frío exterior. Cuando esa curva está bien configurada, el sistema no trabaja de más y el confort mejora mucho. Con esto claro, la pregunta deja de ser “si funciona” y pasa a ser “en qué casas compensa de verdad”.
Cuándo merece la pena y cuándo me lo pensaría dos veces
La aerotermia tiene mucho sentido en viviendas donde la demanda térmica está controlada y la instalación no obliga a calentar el agua a temperaturas excesivas. En cambio, si la casa pierde mucho calor, el equipo puede ser correcto pero la sensación final no será buena: gastarás más y seguirás notando zonas frías. Ahí es donde el aislamiento y la distribución interior pesan tanto como la máquina.
Viviendas donde suele encajar bien
- Casas unifamiliares o pisos con cierto nivel de aislamiento y ventanas razonables.
- Viviendas con suelo radiante, fan-coils o radiadores de buena superficie.
- Rehabilitaciones donde ya se va a tocar la instalación hidráulica o eléctrica.
- Hogares que quieren calefacción, ACS y, si interesa, refrigeración con un solo sistema.
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Casos en los que hay que afinar más
- Radiadores pequeños pensados para agua a temperaturas muy altas.
- Viviendas antiguas con cerramientos débiles y pérdidas térmicas grandes.
- Espacios con poco lugar para la unidad exterior o con restricciones de ruido.
- Instalaciones eléctricas justas, con poca potencia contratada o cuadro obsoleto.
El IDAE recuerda que una variación de 1 ºC en climatización puede mover el consumo alrededor de un 7%, y que unas válvulas termostáticas o termostatos programables suelen recortar entre un 8% y un 13%. Eso me parece muy revelador: antes de obsesionarse con la tecnología, hay que mirar el control y la demanda real. Si la vivienda pasa este filtro, el siguiente paso es revisar cómo se hace la sustitución sin improvisar.

Cómo se hace la sustitución sin improvisar
Una sustitución bien hecha no empieza por elegir marca, sino por entender el edificio. Lo primero es calcular la demanda de calefacción y ACS, porque no es lo mismo un piso bien aislado que una vivienda antigua en clima continental. Después, reviso qué emisores hay, qué temperaturas necesitan y si conviene mantenerlos, ampliarlos o cambiarlos.
- Revisión térmica de la vivienda. Se comprueba aislamiento, orientación, ventanas y uso real de las estancias.
- Dimensionado del equipo. La potencia se ajusta a la demanda, no a una intuición basada en metros cuadrados.
- Chequeo de emisores. Radiadores, suelo radiante o fan-coils determinan la temperatura de impulsión y el rendimiento.
- Revisión eléctrica. Hay que verificar cuadro, protecciones y potencia contratada antes de instalar.
- Definición hidráulica. A veces conviene añadir depósito de inercia, que estabiliza el circuito, o un separador hidráulico, que desacopla caudales entre generador y emisores.
- Puesta en marcha y equilibrado. La configuración final importa tanto como la instalación física: caudales, termostatos y curva climática deben quedar bien ajustados.
Si además quieres ACS, la solución suele incluir un acumulador, es decir, un depósito donde se guarda el agua caliente para disponer de ella con estabilidad. En la ficha RES060 del MITECO, la sustitución de una caldera de combustión por una bomba de calor eléctrica para calefacción y/o ACS aparece expresamente contemplada, y eso ayuda a encajar la actuación dentro de las mejoras energéticas reconocidas. Solo con esa base ya se puede hablar con sentido de inversión, ahorro y ayudas.
Costes, ahorro y ayudas que de verdad importan en España
El presupuesto depende mucho más de la obra que de la palabra “aerotermia”. No cuesta lo mismo cambiar solo el generador aprovechando una instalación razonablemente preparada que rehacer emisores, hidráulica y distribución interior. Como referencia orientativa de mercado en España, estas son las horquillas que yo usaría para no llevarse sorpresas:
| Escenario | Inversión orientativa | Qué suele incluir |
|---|---|---|
| Sustitución sencilla con radiadores ya aprovechables | 8.000 a 12.000 € | Equipo, hidráulica básica y adaptación mínima |
| Calefacción y ACS con adaptación moderada | 10.000 a 18.000 € | Acumulación, ajustes eléctricos y pequeña obra |
| Reforma más completa con suelo radiante | 12.000 a 24.000 € | Obra interior, nuevos emisores y configuración integral |
En la práctica, el ahorro no se calcula solo comparando la factura de gas con la de luz. Hay que mirar el rendimiento estacional de la bomba de calor, el aislamiento y la temperatura a la que trabaja el circuito. Una instalación bien ajustada consume bastante menos energía final para el mismo confort, pero una mala configuración puede comerse parte de esa ventaja. Yo no daría nunca por hecho el ahorro sin revisar primero temperatura de impulsión, curva climática y control por estancias.
En ayudas, conviene mirar tres capas: catálogo estatal, convocatorias autonómicas y posibles incentivos municipales. Además, esta sustitución encaja bien en el mecanismo de Certificados de Ahorro Energético si la actuación genera ahorros verificables, así que a veces se puede monetizar parte de la mejora sin depender solo de una subvención clásica. La diferencia entre una buena operación y una mala suele estar justo aquí: en no mezclar precio de equipo, obra y ayuda como si fueran lo mismo. Cuando el presupuesto encaja, lo que suele decidir el resultado no es la máquina, sino los errores de instalación.
Los errores que más encarecen la obra y rebajan el confort
He visto demasiadas instalaciones juzgadas mal por un motivo muy básico: se instaló bien el equipo, pero se ignoró la vivienda. La aerotermia no perdona ciertos atajos, sobre todo cuando se la fuerza a trabajar como si fuera una caldera de alta temperatura.
- Dimensionar solo por metros cuadrados. La demanda real cambia según aislamiento, orientación y clima.
- Mantener radiadores insuficientes. Si hacen falta temperaturas muy altas para calentar, el sistema pierde eficiencia.
- No revisar la potencia eléctrica. Un cuadro viejo o una potencia contratada justa pueden bloquear el proyecto.
- Colocar mal la unidad exterior. Ruido, mala ventilación o heladas frecuentes reducen el confort y la fiabilidad.
- Dejar la regulación en automático básico. Sin control por zonas, horarios y curva climática, se desperdicia parte del ahorro.
También hay un error de expectativas: pensar que la aerotermia debe responder igual en todas las situaciones y a cualquier temperatura exterior. No funciona así. En climas fríos o con emisores muy exigentes, puede hacer falta una bomba de calor de alta temperatura, mayor superficie emisora o incluso una solución híbrida. Si el instalador no habla de caudales, impulsión y control, yo pediría una segunda opinión antes de firmar.
Lo que conviene revisar antes de decidirte
Antes de dar el paso, yo comprobaría cuatro cosas: aislamiento, emisores, electricidad y uso real de la vivienda. Si la casa está razonablemente protegida, la instalación puede trabajar a baja temperatura y el horario de uso es estable, la aerotermia tiene un encaje muy sólido. Si además puedes combinarla con fotovoltaica, el coste eléctrico de funcionamiento baja todavía más y el sistema gana mucho sentido en una vivienda moderna.
Si, en cambio, la casa es muy antigua, con pérdidas térmicas altas y radiadores pensados para agua muy caliente, la decisión correcta no siempre es decir sí o no a la aerotermia de inmediato. A veces conviene plantearla en fases: primero mejorar envolvente, luego adaptar emisores y, después, cambiar el generador. Esa secuencia suele dar mejores resultados que una sustitución apresurada.
En resumen práctico, cambiar una caldera de gas por aerotermia funciona bien cuando la vivienda acompaña al sistema. Si la instalación está bien dimensionada y el control está bien resuelto, la mejora puede ser grande en confort y eficiencia; si no, la reforma seguirá existiendo, pero el retorno será mucho peor. La clave no es comprar una tecnología: es hacer que el edificio trabaje a favor de esa tecnología.