Lo que de verdad mueve la factura
- El consumo depende más de la vivienda y del ajuste del sistema que de la máquina por sí sola.
- La fórmula útil es sencilla: demanda térmica anual dividida entre el SCOP.
- Suelo radiante y emisores de baja temperatura reducen mucho el gasto frente a radiadores antiguos.
- El clima, la ACS y la programación diaria cambian el consumo más de lo que parece.
- Para comparar bien, conviene mirar kWh al año y no solo euros, porque el precio de la luz varía bastante.
Cómo calculo el gasto real de una bomba de calor
Yo empiezo siempre por una idea básica: la aerotermia no “consume” lo mismo en todas las casas porque no trabaja sola, trabaja contra una demanda térmica concreta. En otras palabras, primero está lo que la vivienda necesita para calentarse o producir agua caliente, y después aparece el rendimiento del equipo.
La fórmula que uso como referencia
La estimación más útil es esta: consumo eléctrico anual = demanda térmica anual / SCOP. El SCOP es el rendimiento estacional medio; indica cuántos kWh de calor entrega la bomba de calor por cada kWh eléctrico que usa a lo largo de toda la temporada. El COP, en cambio, describe el rendimiento en un momento concreto y suele ser más optimista que el dato real de uso anual.
Si una vivienda necesita 10.000 kWh térmicos al año y el sistema trabaja con un SCOP de 4, el consumo eléctrico ronda los 2.500 kWh. Si el SCOP baja a 3,5, ese mismo hogar sube a unos 2.857 kWh. La diferencia no parece enorme sobre el papel, pero en factura sí se nota, y más aún cuando el precio del kWh cambia por horas.
Por eso yo no me quedo con frases genéricas tipo “la aerotermia gasta poco”. Prefiero preguntar: ¿qué demanda tiene la casa, a qué temperatura entrega calor y con qué rendimiento estacional está funcionando de verdad? Con esa base, ya se entiende por qué dos viviendas parecidas pueden gastar de forma muy distinta.
Qué hace subir o bajar el consumo en la práctica
Cuando analizo un caso real, hay cuatro variables que casi siempre explican la mayor parte de la diferencia. No son detalles menores: son las piezas que convierten una instalación eficiente en una buena instalación, o en una decepción cara.
La temperatura de impulsión
Este es el punto más decisivo. Si la bomba de calor tiene que enviar agua a 45, 50 o 55 °C para alimentar radiadores viejos, su rendimiento cae. Si trabaja con suelo radiante o emisores de baja temperatura, moverse en la franja de 30 a 40 °C suele ser mucho más favorable. No es magia, es física: cuanto más alta es la temperatura de salida, más esfuerzo hace el compresor.El aislamiento y la estanqueidad
Una vivienda con pérdidas de calor por ventanas, puentes térmicos o infiltraciones de aire obliga al sistema a compensar continuamente. Ahí el problema no es solo el equipo, sino la demanda que le impones. Cuando la envolvente mejora, la aerotermia trabaja menos horas, entra en ciclos más estables y mantiene mejor el rendimiento.
El clima y los desescarches
En zonas frías o húmedas, la unidad exterior puede entrar en ciclos de desescarche. Son pausas necesarias para eliminar hielo del intercambiador, y consumen energía. No indican fallo, pero sí recuerdan que una bomba de calor aire-agua no rinde igual en un invierno suave que en una zona interior con bajas temperaturas sostenidas.Lee también: Aerotermia sin radiadores: ¿Qué opción te conviene más?
El agua caliente y los hábitos
La producción de ACS también suma. En familias de tres o cuatro personas, y sobre todo si se trabaja con temperaturas de acumulación altas, el gasto anual puede crecer de forma apreciable. A eso se suman hábitos muy simples: consigna del termostato, horario de uso, ventilación excesiva o programaciones que fuerzan arranques y paradas inútiles.
Cuando se juntan estas cuatro variables, se entiende rápido por qué la aerotermia no se evalúa bien con una sola cifra de catálogo. Lo útil es ver el conjunto, y eso me lleva a los rangos orientativos que sí ayudan a tomar decisiones.

Cuánto consume en una vivienda española según el caso
Para poner números sobre la mesa, yo prefiero hablar en kWh eléctricos anuales y no solo en euros, porque el precio de la luz cambia bastante en España. Tomo como referencia 0,20 €/kWh solo para comparar escenarios; en tu factura real el coste puede moverse arriba o abajo con facilidad.
| Escenario | Demanda térmica anual | SCOP orientativo | Consumo eléctrico anual | Coste orientativo a 0,20 €/kWh |
|---|---|---|---|---|
| Piso bien aislado de 80 a 100 m², zona templada, calefacción y ACS moderada | 5.000 a 7.000 kWh | 4,2 a 5,0 | 1.000 a 1.667 kWh | 200 a 333 € |
| Vivienda media de 110 a 130 m², aislamiento medio, zona interior | 9.000 a 13.000 kWh | 3,6 a 4,3 | 2.093 a 3.611 kWh | 419 a 722 € |
| Casa de 140 a 180 m², aislamiento flojo o clima frío | 15.000 a 22.000 kWh | 3,0 a 3,7 | 4.054 a 7.333 kWh | 811 a 1.467 € |
| Solo ACS en una vivienda de 3 a 4 personas | 1.500 a 2.500 kWh | 3,5 a 4,5 | 333 a 714 kWh | 67 a 143 € |
Como referencia práctica, Iberdrola plantea un caso medio en España con una demanda de calefacción de 96,8 kWh/m²/año y un SCOP de 5,1 para ilustrar cómo cae el gasto cuando la vivienda está bien resuelta. Yo me quedo con la idea útil: el kWh térmico que necesita la casa pesa más que la marca del equipo.
Estos rangos no incluyen término fijo ni refrigeración, y tampoco sirven para vender una cifra exacta sin estudiar la vivienda. Aun así, ayudan mucho a descartar promesas irreales y a entender si el presupuesto que tienes delante tiene sentido o no.
Cómo bajarlo sin sacrificar confort
La buena noticia es que casi siempre hay margen de mejora. Yo suelo empezar por lo que no exige obra, porque muchas veces ahí está el ahorro más rápido.
- Baja la temperatura de impulsión: si la instalación admite trabajar más cerca de 35 °C que de 50 °C, el rendimiento mejora de forma clara.
- Programa por estabilidad, no por golpes: mantener la casa en una franja cómoda suele gastar menos que encender y apagar con brusquedad.
- Usa una curva climática: así la máquina ajusta la temperatura de ida según el exterior y evita picos innecesarios.
- Revisa caudales, filtros y equilibrado: una instalación mal ajustada hace trabajar peor a la bomba de calor aunque el equipo sea bueno.
- Piensa en autoconsumo: si tienes fotovoltaica, parte del consumo puede encajar muy bien con la aerotermia, sobre todo en ACS y en horas diurnas.
Si la vivienda tiene radiadores pequeños o una envolvente pobre, no basta con tocar el termostato. En esos casos, el ahorro serio suele venir de cambiar emisores, mejorar aislamiento o redimensionar el sistema antes de pedirle milagros a la máquina. Y eso me lleva a la comparación con otras tecnologías, que conviene hacer sin propaganda.
Aerotermia frente a gas, gasoil y resistencia eléctrica
Yo no vendería la aerotermia como una solución mágica para todo. Funciona muy bien en muchas viviendas, pero su ventaja depende de la temperatura de trabajo y de la calidad de la instalación. Compararla bien evita expectativas falsas.
| Sistema | Rendimiento típico | Qué implica en consumo | Cuándo tiene más sentido |
|---|---|---|---|
| Aerotermia aire-agua | SCOP aproximado de 3 a 5 | 1 kWh eléctrico puede entregar entre 3 y 5 kWh de calor | Viviendas bien aisladas, suelo radiante o emisores de baja temperatura |
| Caldera de gas de condensación | Eficiencia estacional cercana al 90-98% | Entrega calor con menos salto respecto al combustible, pero no multiplica energía | Cuando ya existe instalación de gas y la temperatura de impulsión no es excesiva |
| Caldera de gasoil | Rendimiento variable, por lo general inferior al gas de condensación | Suele tener más coste operativo y más dependencia del precio del combustible | Casos heredados o viviendas sin otra red de combustible, aunque suele ser la menos atractiva hoy |
| Resistencia eléctrica | Prácticamente 1:1 | 1 kWh eléctrico produce 1 kWh térmico | Usos puntuales, apoyo o cargas pequeñas; rara vez compensa como sistema principal |
La conclusión honesta es esta: la aerotermia suele ganar por eficiencia, pero no siempre por goleada. Si obliga a trabajar a temperaturas altas, pierde parte de su ventaja. Si la vivienda está bien preparada, la diferencia frente a resistencia eléctrica es enorme y, frente a gas, suele ser muy competitiva a medio plazo.
Lo que reviso antes de dar por buena la instalación
Cuando alguien me enseña un presupuesto, yo no miro primero el precio. Primero miro si la instalación está bien pensada. Si falla eso, el consumo será peor aunque el equipo sea caro.
- La potencia está calculada por demanda real, no por metros cuadrados a ojo.
- El presupuesto indica la temperatura de trabajo prevista para invierno y el tipo de emisores que la vivienda soporta.
- La producción de ACS está incluida y no aparece como un extra mal explicado.
- El control está resuelto: curva climática, termostatos y programación coherente con el uso real.
- La ayuda o subvención posible está comprobada: el programa residencial del IDAE contempla módulos para instalaciones aerotérmicas de 500 €/kW, con un tope orientativo de 3.000 €/vivienda en el marco vigente.
Si esas piezas encajan, la aerotermia suele comportarse como una solución sólida, previsible y eficiente. Si no encajan, el problema casi nunca es la tecnología en sí, sino el diseño de la instalación o una expectativa de ahorro demasiado optimista.
Mi lectura final es simple: el consumo de una bomba de calor no se adivina, se calcula con la vivienda delante. Si te fijas en la demanda térmica, el SCOP real y la temperatura de impulsión, ya tienes medio diagnóstico hecho; si además revisas aislamiento, ACS y control, tienes la base para decidir con bastante más criterio.